Flujo y Endorfinas

El “flujo”, importante estado de concentración y ánimo para nuestro ambiente laboral.
 
Entramos en flujo cuando nuestro trabajo aunque se trate de una actividad delicada y compleja, genera una reacción de bienestar que produce control y precisión para la ejecución de tareas difíciles.
 
Muchas veces nos preguntamos el por qué de nuestro desempeño o interés en la cocina y se trata de eso, junto con un buen paquete de endorfinas producidas.
 
Una de las hormonas que  generalmente se asocia con estados de ánimo positivos son las endorfinas. Cuando tu nivel de endorfina es alto, solemos vivir la vida con plenitud, lo que nos lleva a generar un interés especial en nuestra labor de cocina pero con un efecto muy especial.
 
Las endorfinas son neurotransmisores opiáceos. Su efecto es similar al del opio, la droga que se puede obtener a partir de la amapola, y también relacionada con la morfina y la heroína. Estos neurotransmisores se generan cuando practicamos sexo, realizamos ejercicio, comemos chocolate o comida picante y por tal motivo, GENERAN ADICCIÓN.
 
La relación entre el flujo y las endorfinas es una perfecta mezcla de éxtasis y facilidad de ejecución que nos hace sentir plenos en el momento de atender una línea de servicio con alta demanda, encontrarnos cerca de la hora de atender un gran banquete o sentirnos positivamente presionados para terminar alguna labor de cocina.
 
Esa mezcla de confort otorgada por el flujo y un potencializador tan especial como las endorfinas nos hacen pensar de manera mágica, inundandonos de pensamientos de gloria, capacidad y escrupulosidad que nos hacen sentir magníficos e irremplazables.
 
Una vez que el efecto pasa, vienen esos tormentosos dolores de cuerpo que durante la sensación de confort y dominio pasaron desapercibidos, aquellas quemaduras en la piel comienzan a arder y es muy probable que al día siguiente nos cueste mucho trabajo despertar.
 
Esa mezcla se sensaciones, endorfinas, estrés, trabajo bajo presión y flujo, nos hace no renunciar a lo que creemos pertenecer. Se trata de un estado de trance en el cual vivimos y lo buscamos si no lo tenemos presente.
 
Si el flujo no se presenta, de inmediato los tiempos muertos generan un estado de inconformidad y apatía, típicos en muchos cocineros dedicados al ramo, y la solución es activar la presión y estrés positivo para poder volver a cargar el interés necesario en los compañeros de trabajo aplicando técnicas objetivas de incentivos no materiales y discursos que los pueden hacer reaccionar positivamente a las necesidades operativas de un lugar de auténtica ejecución de cocina.
 
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