Capacidad mental en la cocina

La situación laboral de cocina en todo el mundo diversifica este apasionante y desgastante trabajo, somos personas dedicadas a uno de los oficios más demandantes y exigentes en este planeta.

Esa sensación de trabajo permanente nos mantiene inmersos en una constante pelea de emociones que muchas veces se empiezan a catalogar como “ordinarias” y a su vez forman parte de una zona de confort que puede llegar a parecer irremediable.

La cocina y su gran follaje de responsabilidades divididas en ramas es un ambiente hostil en su mayoría, en el cual la necesidad de entrenar y mantenerse en forma culinaria nos obliga a enfocarnos en un estado de actividad y alerta constante. Esto muchas veces parece el foco primordial, pero a su vez, tras tanta rutina y comportamiento repetitivo, terminamos ejecutando de manera automática nuestras responsabilidades.

Por lo tanto es necesario pensar en nuestra capacidad mental, en las formas del pensamiento que nos llevan hacia un acto correcto de labor culinaria, esta capacidad mental de cocina puede llevarnos lejos y resolver muchas cuestiones del trabajo gastronómico que sin una guía propia sería un tanto difícil de descifrar.

La capacidad de persuadir

Hemos repasado, comentado y criticado muchas veces la capacidad evolutiva del cocinero, su forma cruda de nacimiento y alter ego al igual que su comportamiento en comparativa con aquellos cocineros autodidactas que se formaron tras años de ejecución.

Cualquiera que sea el caso, aquí resulta ridículo poner en la balanza las cualidades cognitivas de un cocinero sin estudios formales de cocina y aquél que si los posee.

Cualquiera de los dos miembros de brigada, depende totalmente de su capacidad de persuadir y contagiar las emociones necesarias para salir adelante entre los demás y marcar una propia mente dominante entre los compañeros de trabajo.

La capacidad de persuadir no se adquiere por estudio ni por perseverancia de trabajo, se trata de un tema relacionado con la mente del cocinero y su habilidad para desenvolverse y poder manejar las situaciones de cocina a través de los compañeros con una habilidad nata para interferir en el comportamiento grupal y tornar las situaciones propias de la cocina a su favor.

La forma de abordar a un jefe o un subordinado puede ser prevista y persuadida aún cuando las cosas no se encuentran a nuestro favor, tan solo falta un poco de estrategia y empatía para poder hacer que las cosas mejoren o se tornen completamente de nuestro lado.

El contagio de las emociones, el virus mas fuerte y menos utilizado

Así como podemos persuadir a la gente que nos rodea y obtener importantes beneficios de ello tras una sabia y correcta aplicación, también somos capaces de cambiar el entorno de una cocina rígida y comprometida con el grado de responsabilidad que la gastronomía amerita.

El ser humano se desenvuelve en grupos, y uno de los más importantes es el grupo de trabajo.

En muchas ocasiones el cocinero vive frustrado, preocupado, introvertido en sus acciones, juega el simple papel de tener que cumplir un trabajo de manera rutinaria y marcharse.

Afortunadamente ese comportamiento negativo es de poca fuerza, ya que la manera depresiva de ejecución en la cocina se maneja de manera individual, con pocas expresiones faciales ni contacto efectivo con otros miembros de la brigada. Esto lo hace débil en la transmisión y contagio de actitud.

Cuando un cocinero rompe el ciclo formal y rígido de una cocina, impacta el ambiente, se convierte en un centro de atención e información fresca lista para ser escuchada por todos.

Un canto, una frase diferente, una expresión especial puede cambiar por completo el ambiente y preparar al equipo de trabajo para una nueva dinámica aún sin planear concretamente un cambio de rumbo en las operaciones de cocina.

El ejemplo es claro y siempre sucede, tras una fuerte carga de responsabilidad, alguien toma el timón e impulsa a la brigada con el fuerte contagio de una actitud positiva.

La actitud del cocinero sobresaliente por su capacidad de asombro resulta ser un equilibrio de peso completo en la brigada, enfocando al grupo a la perseverancia y formando el ambiente propio para no caer en la monotonía y el pensamiento nocivo.

Empatía, la fuerza del grupo cordial

Una vez entendida la transmisión viral de la actitud benéfica para las labores de cocina y la capacidad de persuadir, es importante resaltar los rasgos fundamentales de la empatía.

Sencillo, la empatía rige la unión entre el equipo de trabajo, es importante trabajar en el análisis de la misma para poder resolver asuntos añejados de discrepancia laboral.

No es lo mismo empatía y amistad, por lo general a amistad en el ambiente laboral de cocina genera problemas tarde o temprano, por ser partidarios o por necesidad de apoyo virtual a quien nos parece un buen camarada.

La empatía en la brigada se desarrolla con tiempo suficiente para disolver las cadenas de arraigos sentimentales amistosos y al mismo tiempo la división por problemas interpersonales.

Es claro, lógico y formal: Los asuntos de organización se marcan sin diferencias ni favoritismos, los asuntos de discrepancia se tocan públicamente y enfrentando a los responsables, las responsabilidades de actos ajenos al trabajo deben ser ignorados por las jefaturas, los actos, las palabras, las decisiones y las consecuencias ajenas a la jefatura carecerán totalmente de importancia para asuntos de orden laboral.

La cordialidad fomenta la empatía, la capacidad de servicio sin expectativas ajenas al desarrollo laboral siempre dará como resultado el apoyo de otros miembros que te observaban mientras realizabas un acto de apoyo cordial escrupuloso y orientado al servicio positivo.

Así es como la mente propia y bien enfocada rige el ambiente laboral, sin necesidad de análisis mediocres de nuestra propia actitud en la cual por lo general se culpa a la empresa de nuestra situación laboral.

Somos los únicos responsables de nuestra propia condición

Generamos lo que necesitamos, buscamos lo que merecemos, nos comprometemos con lo que somos capaces de ser, nadie ni nada es culpable de nuestra situación laboral.

¿No te gusta tu trabajo? RENUNCIA – eres el responsable de las labores que ejecutas y la manera en que te son exigidas. No lo olvides, tu aceptaste y decidiste tomar las condiciones laborales en las que hoy te encuentras involucrado y participando.

No existe empresa o trabajo que secuestre cocineros y aún los que parecen estarlo en supuestas prácticas profesionales, también son responsables de su propia condición.

La capacidad del cocinero no es medida en la calidad de una impresión en papel de lujo o barato llamado “certificado de estudios gastronómicos”, la capacidad del individuo se mide de acuerdo a sus aptitudes mentales para poder sacar el máximo provecho de un trabajo de cocina y a su vez ejercer las labores estipuladas con inteligencia, cordialidad y organización basada en la experiencia.

– Rubén Romero Aivar – 

 

 

 

 

 

 

Opina respecto al tema, por favor escribe tu nombre completo.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s